Muchos deportistas construyen su rendimiento al revés: buscan potencia y velocidad antes de tener una base sólida de movilidad, control y fuerza. Es como querer poner el techo antes que los cimientos. Esa pirámide invertida aumenta el riesgo de lesión, porque el cuerpo recibe demandas para las que todavía no está preparado. Entender el orden correcto —primero la base, después el rendimiento— es clave para progresar de forma segura y sostenible en el tiempo.
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